4/11/21

CARTA EN VERSO DE FE 7

 

Usted creyó, don Luis, en esta savia

que alimenta mi voz temprana y vieja,

creyó en el niño fiel que me gravita

y que intentó salvar a manos llenas,

creyó en las viejas cales de mi casa,

en sus castas goteras fecundando

entrañables nostalgias de otros días;

 

usted, don Luis, amigo, ahora levanta

el eterno presente con los brazos;

por ello le suplico primaveras:

 

dígame, díganos la huella exacta

del latido de Dios entre nosotros;

azótenos con salvadora urgencia

para sembrar anhelos de misterio

en este corazón que se vacía:

 

que nadie se arrodille ante la Duda,

que olvidemos el nombre de Orfandad,

que nuestros ojos vean en los niños

la sencillez de Dios que nos suplica,

que la sangre del hombre se derrame

volteando campanas de esperanza,

que la mujer custodie su morada

como nido de carne creadora,

que ninguno desmaye dando pan

o luz o corazón o poesía,

que el júbilo sin polvo more a gusto

en el hondo latir de la familia,

que el ocaso violeta nos sorprenda

como fruto maduro que se ofrece.

 

(Carta en verso de fe

para que llegue a Don Luis, Segovia 1972)