5/11/21

GESTACIÓN



"Hágase en mí", rezabas. Y el aliento

del Espíritu Santo entretejía

de tu carne purísima, María,

el Cuerpo del Señor como alimento.

 

Todo seguía normal. El firmamento

cumplía la orden de estrenar el día.

Y por primera vez la Eucaristía

se celebraba sin notar portento.

 

Tú eras la ofrenda, la sacerdotisa,

la fiel que participa de la Misa

con júbilo feliz de primavera.

 

Revisabas tus labios y tus manos

para besar, para sentir cercanos

los latidos de Dios cuando naciera.