2/11/21

CARTA EN VERSO DE FE 6

 

Perdóneme, don Luis, si he prometido

al iniciar mi carta confidente,

enviarle unas líneas de optimismo.

Tal vez le agradece más mi triste llanto

en el destierro de esta carne humana,

que ocultar las cavernas que sus ojos,

desasidos y eternos, ya conocen.

 

Debo ser fiel al Padre y a usted mismo

que aprobó la carrera de ser hijo.

Debo decir en alto mi lamento

sencillo y fraternal, brindar las ramas

de mi árbol humilde para nido

que levante su hogar sobre la tierra.

 

Y, si clavan mis miembros, y, si encienden

la primavera de mi carne breve

en arroyos de sangre luminosa,

seré poema de bermejo barro

que permita gozar a manos niñas

con cálidos misterios de esperanza.

 

Don Luis, amigo, nunca se decrece

cuando la hoz enjuga las espigas

se llega blancamente a las hogazas

que nutrirán después eternidades.

Pero el crecer del hombre se adultera

cuando la niebla impregna su desvelo.

 

Hay cada vez más niebla en las pupilas

y más filo en los dientes del instinto

hasta la luz jerárquica padece

telarañas de duda disfrazada

que atrapa mariposas inocentes.

 

(Carta en verso de fe

para que llegue a Don Luis, Segovia 1972)