Gracias, don Luis, por haber sido y ser
amigo transparente y generoso.
Le contaré más flores entre zarzas,
más niños flagelados entre hombres.
Le diré que mis pies hacen caminos
y que su voz aleja mi cansancio.
Hablaremos en verso confidente
para seguir salvando la esperanza
con arroyos azules de lirismo.
Al Padre dígale que estoy contento
por ser esclavo del Amor; que siga
poblando mis arterias con los niños
que no tienen juguetes o se hastían
de tantos como tienen sin misterio.
Adiós, don Luis, amigo, hasta que vuelva
la soledad a herir mis pensamientos
y mis manos le busquen en la pluma.
Un abrazo muy fuerte y encendido
en la luz de la fe que me pronuncia.
(Carta en verso de fe
para que llegue a Don Luis, Segovia 1972)