Manuscribo, Señor, el compromiso
de seguir dócilmente tu llamada.
Salgo ganando porque doy mi nada
y, a cambio, Tú me das el paraíso.
El paraíso cálido y preciso
de alojarme en la luz de tu mirada.
Sentiré mi pobreza iluminada
y prenderé mi corazón remiso.
Manuscribo, Señor, lindar Contigo
como linda la tierra con el cielo
en frontera de besos y de brisas.
Y, al escribir con sangre ser tu “amigo”,
unas alas sencillas me dan vuelo
y un gozo que no cesa, las sonrisas.