En belén tiende la noche
su manto de soledad
y los Ángeles entonan
su Gloria al Dios de la Paz.
Los pastores se despiertan
escuchando su cantar.
Y de sus ojos se escapan
temblores de buen soñar.
La Virgen sencilla y pura
acaba de pronunciar
las palabras de la Misa
que traen a Dios al altar.
El altar es una cuna,
la cuna de la humildad;
un pesebre y unas manos
de ternura celestial.
Danos, Virgen, la caricia
de tu blanca Navidad
para acoger a tu Hijo
cuando nace en el altar.