Permitidme ser Ángel dibujarme
en el aire más alto
con las alas abiertas abrazando.
Permitidme deciros que los astros
se arrodillan de gozo ante la tierra,
opaca y diminuta,
porque es de carne el corazón de Dios
y se calienta
en un establo de materia nuestra.
Permitidme quedar en el asombro
contemplando a María y a José
adorando en silencio.
Ya puedo ser, llamarme “Gozo Inmenso”
y arrodillar mi corazón pequeño
para mejor amar.
Permitidme deciros que es posible
encender en la noche la esperanza
y alcanzar el oficio de ser hombre
feliz y enamorado.
El Señor se ha acercado en nuestros límites
de carne dolorida,
y , entre besos y lágrimas, aprende
nuestra suma pobreza.
Dios es amor y encarna su cariño
en palabras sencillas: Niño, Madre.
Custodio Paternal, hogar humilde,
pastores, magos, mula, buey, establo,
tejado con grietas, musicales
visitas de la brisa…
Permitidme ser Ángel y anunciaros
la gran noticia, el Evangelio vivo
en los ojos de un Niño
y en las tiernas miradas de su Madre.
Si abrís el corazón, nace por dentro
la confidencia con el “Gozo Inmenso”.
Y sigue su nacer en los establos
de todas las pobrezas,
de todas las miradas inocentes,
de todas las sonrisas
que siembran primaveras en los otros...
Permitidme deciros que este Niño,
para seguir naciendo
-en real Navidad sobrepoética-,
necesita el temblor de nuestros labios
que digan sobre el pan: “Esto es mi cuerpo”.
Necesita locuras que se entreguen
besando llagas como si besaran
azucenas de gozo.
Necesita silencios monacales
para encontrar a Dios y sumergirse
en la Gran Alegría.
Necesita testigos que se fundan
con la Palabra Suya hasta la sangre…
Permitidme deciros que en la Iglesia
está naciendo Dios para nosotros
sacramental y tierno.
Basta para saberlo,
quemar soberbias o prejuicios ciegos.
Nace Dios en la Iglesia cuando salva
verdades, que generan certidumbres;
caminos que florecen primaveras;
hogares que propician alegrías…
Permitidme deciros que se pueden
pronunciar navidades en las cosas
menudas del quehacer de cada día
vivido por amor.
Permitidme llorar de “Gozo Inmenso”
y quedar en el gozo hasta que llegue
la Navidad eterna
del encuentro con Dios, Niño Incesante.
Permitidme ser ángel. Perdonadme.
Y, gracias por gozaros con mi gozo
y habitar el asombro confidente
de mis versos humildes.