30/12/21

MENSAJE DEL “GOZO INMENSO”



Permitidme ser Ángel dibujarme

en el aire más alto

con las alas abiertas abrazando.

 

Permitidme deciros que los astros

se arrodillan de gozo ante la tierra,

opaca y diminuta,

porque es de carne el corazón de Dios

y se calienta

en un establo de materia nuestra.

 

Permitidme quedar en el asombro

contemplando a María y a José

adorando en silencio.

 

Ya puedo ser, llamarme “Gozo Inmenso”

y arrodillar mi corazón pequeño

para mejor amar.

 

Permitidme deciros que es posible

encender en la noche la esperanza

y alcanzar el oficio de ser hombre

feliz y enamorado.

 

El Señor se ha acercado en nuestros límites

de carne dolorida,

y , entre besos y lágrimas, aprende

nuestra suma pobreza.

 

Dios es amor y encarna su cariño

en palabras sencillas: Niño, Madre.

Custodio Paternal, hogar humilde,

pastores, magos, mula, buey, establo,

tejado con grietas, musicales

visitas de la brisa…

 

Permitidme ser Ángel y anunciaros

la gran noticia, el Evangelio vivo

en los ojos de un Niño

y en las tiernas miradas de su Madre.

 

Si abrís el corazón, nace por dentro

la confidencia con el “Gozo Inmenso”.

 

Y sigue su nacer en los establos

de todas las pobrezas,

de todas las miradas inocentes,

de todas las sonrisas

que siembran primaveras en los otros...

 

Permitidme deciros que este Niño,

para seguir naciendo

-en real Navidad sobrepoética-,

necesita el temblor de nuestros labios

que digan sobre el pan: “Esto es mi cuerpo”.

 

Necesita locuras que se entreguen

besando llagas como si besaran

azucenas de gozo.

Necesita silencios monacales

para encontrar a Dios y sumergirse

en la Gran Alegría.

Necesita testigos que se fundan

con la Palabra Suya hasta la sangre…

 

Permitidme deciros que en la Iglesia

está naciendo Dios para nosotros

sacramental y tierno.

 

Basta para saberlo,

quemar soberbias o prejuicios ciegos.

 

Nace Dios en la Iglesia cuando salva

verdades, que generan certidumbres;

caminos que florecen primaveras;

hogares que propician alegrías…

 

Permitidme deciros que se pueden

pronunciar navidades en las cosas

menudas del quehacer de cada día

vivido por amor.

 

Permitidme llorar de “Gozo Inmenso”

y quedar en el gozo hasta que llegue

la Navidad eterna

del encuentro con Dios, Niño Incesante.

 

Permitidme ser  ángel. Perdonadme.

 

Y, gracias por gozaros con mi gozo

y habitar el asombro confidente

de mis versos humildes.