Te traigo más que todos los pastores;
más que los Magos, sabios peregrinos:
soy ingeniero tuyo de caminos
y trovador que salva ruiseñores.
A tus pies, Niño Dios, traigo las flores
de lámparas, de panes y de vinos.
Espero que los besen tus divinos
labios de trigo transubstanciadores.
Y será Navidad sobre la nieve
de blancos y felices corporales
con aroma de salmos gregorianos.
Y mi palabra clara, confidente, leve
alumbrará vivencias teologales
cuando nazcas, Señor, entre mis manos.