5/1/22

ORACIÓN NAVIDEÑA

 



 

Has nacido, Señor; Te has hecho carne;

has acampado entre nosotros. ¡Gracias!

Gracias por haber nacido.

Gracias por haber pronunciado tu Palabra

cuando caminábamos desorientados

por la selva del ser y de la vida.

 

Sabemos ya de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Sabemos que nuestro origen es el Amor y nuestro destino también es el Amor.

 

Y nos lo has dicho dándote a Ti mismo

en los numerosos detalles de tu forma de darte:

has llegado en el recogido silencio del establo

y en la libertad de la pobreza.

 

Has necesitado las manos trabajadoras de José.

Te has nutrido de la sangre y la leche virginales de María.

Han sido indispensables

sus besos y sus abrazos para calentarte.

Has apreciado la compañía y los dones de sencillez de los pastores.

Y a cada uno de estos personajes, protectores de tu desvalimiento,

les has donado el júbilo de tu presencia, el paraíso de la fe.

 

Eres verdaderamente la Luz que alumbra a este mundo

y que captan todos los ojos pobres.

Han pasado veinte siglos y nuestros labios de pobres

siguen dando a tus imágenes de Niño besos cálidos.

 

Sabemos que te complacemos;

sabemos que hay una corriente de sangre tuya divina,

hacia nosotros que nos transforma.

 

Estamos abiertos, Señor, a tus nuevos nacimientos.

Sigue naciendo en nosotros.

Sigue diciendo al mundo tu Palabra.

Sigue alejando las tinieblas con tu Luz.

 

Creemos en Ti, Señor. Creemos en tu cariño. ¡Gracias!

Caminantes, como Tú, desde el Amor,

llevaremos al hombro las alforjas de tu Luz Total

atravesando la noche irredenta sin desmayos.

 

Te nos has dado, nos daremos.

Te nos has nacido, nos naceremos.

Te nos has hablado, nos hablaremos.

Te nos has alumbrado, nos alumbraremos.

 

Tu llamada, Señor, y nuestra respuesta,

a veces temblorosa en la vocación,

es el mayor regalo que podías hacernos.

Siguiéndote con entusiasmo en nuestro carisma,

nos sentimos identificados Contigo.

 

Tú, incomprendido, desvalido, ignorado al nacer

eres el modelo de lo que nos sucede ahora y nos sucederá siempre a tus seguidores enamorados; no nos comprenden; estamos desvalidos ante los poderes del mundo

y nos ignoran con lástima y, a veces, con menosprecio.

Pero amamos, amamos calladamente, sencillamente, en presencia encendida del niño loco de Verdad y Vida.

 

Gracias, Señor, por habernos elegido. Por haber tenido

con nosotros el detalle más hermoso de amistad;

por querer nacer permanentemente en el mundo

con nuestra existencia pobre.