¡Qué Niño tienes, María,
qué ojazos tiene de sol!
¿Me dejas que te le abrace
apretado al corazón?
Y la Virgen sonriente
entrega su Niño Dios,
y la vecina le dice:
Gracias por la Comunión.
Madre, cada vez que el Niño
ingresa en mi corazón,
sé que le traes de la mano
para que llegue mejor.
He de quererle, María,
comulgaré con fervor
y tu cariño de Madre
nos abrazará a los dos.