(Traducción libre en verso)
¡Cuán amables, Señor, son tus moradas!
En su busca mi alma desfallece
mientras mi corazón rejuvenece
en el gozo filial de tus miradas.
Eres hogar del pájaro que anida
cerca de Ti, Señor, de tus altares.
Eres Rey de los cielos y los mares.
Eres fuente y origen de la vida.
Dichosos los que sienten la ternura
de morar en tu casa y alabarte.
Dichoso quien se entrega y se comparte
viviendo tu sendero de luz pura.
Convertirá los valles en sonrisas
de fuentes que florecen esperanza.
en sus alas de amor, sabrá que alcanza
tu caricia de lluvias y de brisas.
Con fortaleza y ánimo creciente
anhelará tu Rostro de Dios Vivo.
Será su corazón contemplativo
y su palabra, caridad ardiente.
¡Oh Dios de nuestros padres, Dios amigo!
Escudo nuestro, alcázar de la vida,
contempla el llanto de la carne herida
y cúrala, mirándola, Contigo.
Porque, Contigo, vale más un día
que mil millones de años en tu ausencia.
Basta, para vivirnos, tu Presencia.
Basta, para gozar, tu cercanía.
Tú concentras el sol y las estrellas.
Tú eres Rey de la Gracia y de la Gloria.
Tú eres Señor y Centro de la historia.
Tú eres motivo de las cosas bellas.
Tú no niegas el bien a quien camina
con honradez e integridad vestido
Tú escuchas la plegaria y el gemido
y tu cariño salva e ilumina.