Te ocultas, Señor,
y todo parece asediarme sin Ti.
Me cercan mis flaquezas;
me oprimen mis pecados;
me angustian mis dolores.
Te callas, ante mis súplicas ardientes,
para probar mi confianza.
Te dejas vencer, ante tus enemigos,
que son los míos,
y yo siento fracaso en las entrañas.
Nadie da la cara por Ti
y se ríen de mi que Te defiendo.
Sé que eres Dios
y, a largo plazo, vencerás;
pero mi corazón queda solo
cuando los hombres Te desplazan
de las rosas, de las estrellas, de la mariposa.
Mi corazón llora
cuando dejas de mirarme a
los ojos del alma.
Muéstrame tu Rostro: ilumíname
con tu mirada.
Visítame con una floración
de vocaciones sacerdotales y religiosas.
Alégrame con un mar de niños
virtiendo de sonrisas tuyas
los parques desnudos.
Que las gargantas jóvenes
entonen aleluyas para Ti.
Que los esposos respiren Tu presencia
en su amor sacrificado y fiel.
Que los ancianos con el Rosario
y la sonrisa entre las manos,
se hagan promesa
de eternidad feliz.
Alúmbrame, Señor,
con la mañana del eterno Domingo
de tu Resurrección Gloriosa.
Amén.