Y nació de tu carne, Pura Rosa,
su capullo de carne sonriente.
Y en tu regazo, corporal caliente,
su Cuerpecito como Pan reposa.
Te vuelves beso, arrullo, mariposa,
corazón de ternura transparente.
Prendes sus labios en la pura fuente
de tu pecho de Madre jubilosa.
Esta es tu Misa permanente y viva.
Tu luz sacerdotal y siempre activa
naciendo a Dios en cálida aventura.
Madre, que yo, tu sacerdote indigno,
sea en la Misa transparente signo
de tu delicadeza y tu ternura.