29/1/22

EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA, DÁNOSLE HOY

 


¡Oh, Señor, ¡qué cercano a la pobreza

de nuestra carne!

 

Cada día es igual: tenemos hambre

de pan

para vivir, para abrazarnos

a la esperanza de alcanzar el vuelo.

Y temblamos si el cielo se enfurece

y sepulta la espiga que nos salva.

 

Pesamos, Dios, pesamos y ocupamos

un espacio de sangre luminosa.

Nuestra pobreza necesita pan.

Y nos lo quieres dar en la conquista

del trabajo creado y la plegaria.

 

Y tu amor garantiza la existencia

de “nuestro pan” si es “nuestro”

y no rompemos

la familia del “nuestro” con el “mío”.

Pero el “mío” agresivo y egoísta

mata de hambre a tus hijos más humildes

que no pueden rezar el “Padrenuestro”

porque tienen la sangre demacrada.

 

Danos el pan de amar cada día,

danos el gozo de partir el pan.

Albérganos en el hogar fraterno

donde tu Pan alumbre la existencia.