10/1/22

NO ME ESCONDAS TU ROSTRO

 



 

Te añoro en los caminos de la tierra,

te busco entre los hombres

y te encuentro desfigurado y roto.

Intento componer esos pedazos divinos de tu Rostro lacerado

y mis manos se tintan con tu sangre

incapaces de dar a tu figura la verdad de tu Ser, tan hecho trizas.

 

Alguna vez te hallo en la sonrisa del rostro de los niños…

Alguna vez las madres me recuerdan tus manos cálidas…

Algunas alas blancas se desprenden del barro que las llaga…

 

Pero es tan denso el lastre de la sombra,

que te pierdo, Señor, desfigurado,

y, sin Ti, como eres, no me encuentro.

 

Vengo a la soledad, vengo al silencio para ver en directo tu figura.

En el desierto noto tu Presencia: Te describes mirándome por dentro.

Escucho así tu paso de puntillas sosegando mi sangre.

Se encienden los hogares de las cosas dándome luz de Ti.

La nieve se hace hermana y en el viento susurras cercanías.

 

Vengo a la soledad, me desahogo devanando liturgias con mis brazos,

con mis pobres palabras que confiesan mis ansias de vivir intimidades.

 

¡Oh soledad amiga, monasterio donde el silencio habita

y me transfunde tu Infinita Verdad!

 

Yo no renuncio al hombre con sus llagas.

No me ausento de su dolor activo y penetrante.

Quiero con él sufrir sus desamparos, sus noches sin estrellas…;

pero ampárame Tú Contigo mismo

porque de nada sirven intenciones para dar de comer

si estoy hambriento.

 

Nunca me prives, Dios, de esos espacios

- oración en silencio y soledad -

donde Te noto Vivo y palpitante.

 

Lléname con tu Ser, con tu Mirada

restauradora de mi ser en sombra.

 

Sonríeme en las flores y en los cardos.

 

Cántame nanas en la lluvia mansa

y en el crudo granizo.

 

Llévame de la mano sobre el monte

donde habita el silencio de las águilas.

 

Yo soy hermano de los monjes blancos

y de los pardos y de los oscuros…

Todos tiran de mí calladamente

como nubes que vuelan al Misterio.

Y con ellos Te busco, te disfruto

en las veredas hondas del silencio,

en los claustros teñidos de penumbra

y en las celdas austeras, donadoras de intimidad y ritmo sobre el tiempo.

 

¡Oh Dios, oh Paz desnuda en la pobreza del silencio

nutriendo intimidades!

 

Hazme contemplativo permanente para darme Contigo a los hermanos.