(Alabar a Dios madurez total del hombre)
Llévame a la cumbre de mí mismo:
ser alabanza a Ti, Dios mío.
Que mi inteligencia se asombre, feliz, al pensarte.
Que mi corazón sea manantial de afectos a Ti.
Que mi expresión alcance la hermosura del arte…
Que el paso de mi tiempo no sea pérdida
de eternidad feliz.
Aléjame, Señor, de todo lo que no sea
alabanza y amor a Ti.
Convierte todo lo que hago en caminos y
senderos hacia Ti.
Consume cuanto soy, como incienso incesante
que se quema por Ti.
Transubstancia mi corazón, mis labios, mis
manos, desde su oscuridad pesada y opaca,
a tu Luz ingrávida.
Róbame de mi “yo” -ladrón de mis bienes-
y regálame la libertad de poseerme y
poseerte.
Escúlpeme en el cariño a Ti y entroniza
mi amante estatua en el corazón de los
cielos, de los mares, de los montes, de los valles…
Dame la única motivación eficaz para ser
siempre alabanza a Ti: ser tuyo: amarte sobre todo.
Sólo el amor me hará fértil, sacrificado,
comunicativo, alegre, alabante…
Sólo el amor, encendido e impulsado por Ti,
salvará las familias y las comunidades.
Sólo alabándote adquirimos “la paz que
no conoce el mundo y el gozo en el
Espíritu Santo”.