Todos los seres, alzados a la existencia,
me hablan de Ti, Presencia Creadora.
Me hablan de Ti, que besas sus entrañas,
señalando sus límites concretos,
trayéndolos al ser desde la nada.
Los crea tu querer,
tu Bondad difusiva y permanente
nutriendo su verdad.
Diminutas abejas elaboran, en químico proceso,
la cera dócil donde cobijarse.
Lloran la miel con que las alimentas
y, en música de alas,
relacionan las ansias de las flores.
Hay golondrinas de leve corazón y largas plumas
llenando el horizonte de candores.
Hay ciervos que se esconden en el bosque
para gozar intimidades verdes.
Y hay vegetal pureza en cada hierba
anónima que nace sin permiso.
Todas las criaturas me revelan
tu cálida mirada, tu silencio hecho palabra.
No es posible la luz, si Tú no alumbras.
La nada sólo engendra su vacío.
Pero hay color y lámparas gigantes
volando en los espacios siderales.
Sobreexistes, ¡oh Luz!, ¡Presencia Creadora!,
Hermosura Infinita
que genera y articula mis sílabas!
Y yo disfruto cuando Te proclamo,
cuando noto la cálida armonía
de mi ser con los seres que me envuelven.
Soy filiación de Ti: plegaria ardiente
de humilde criatura.
Y soy fraternidad: siento en mis venas
sangre común con toda criatura.
Tú, Señor, Manantial Inagotable,
beso a beso, nos fluyes y sostienes.
En Ti, superaré todas las sombras
que me roban tu Rostro.
En Ti, descansaré cuando la muerte
purifique mis ojos.
En Ti, resurgiré llevando dentro
con abrazo entrañable
los hombres, las palomas y las flores.
Gracias, Señor, Presencia Creadora,
Origen sin origen alumbrándome.