No soy digno, lo sé, pero Te ruego
que me presentes en tus manos puras.
Igual que presentaste al Hijo-Dios
en ceremonia de obediencia humilde.
¡Virgen María, lámpara materna!
Avala Tú mi pobre ser manchado
con tu virginidad virginizante.
Sosiega Tú mi pobre sangre airada
con la fiel mansedumbre de tus ojos.
Restaura Tú mis pobres alas rotas,
al vuelo original del entusiamo.
No soy digno, lo sé, pero es posible,
si tus manos me toman,
volver a ser ofrenda inmaculada.
Tus manos curan todas las heridas.
Tus manos prenden todos los anhelos.
Tus manos alzan del cansancio terco.
Tus manos reaniman cuanto besan.
Preséntame en tus manos y en tus ojos
acostumbrados a la Luz divina.
Vuélveme niño dócilmente tuyo
para encender mi lámpara apagada
y lucir, generoso, mi existencia.
Dame al Señor desde las manos tuyas
y muera -Simeón- cantando auroras.