¿Qué podías esperar de nuestros labios
tan manchados de polvo y de ceniza?
Tú, Señor de los Ángeles que
tu Nombre de rodillas: adoran.
Tú que vives
perpetuamente nuevo en santidad:
Tú que eres
el Ser que alumbra nombres y caminos…
¿Por qué mendigas el calor tan débil
de nuestra herida voz?
Señor, ¡qué buscas?
¿qué nuevo amor quieres donar al hombre?
¿qué manantial de gozo cotidiano
haciendo versos sólo con nombrarte?
Gracias Señor, Amor. Abbá inefable
que quieres que te nombren nuestros labios
para hacernos cariño en la palabra.