¿Conocéis la oración de vuestra sangre
ahora que transitáis la primavera?
¿Sabéis que la sonrisa de las flores
espera la palabra de los frutos?
Jóvenes sois, vivís, estáis cantando
pétalos de tersura en vuestra piel,
amor propicio en vuestros ojos hondos,
armónico vigor en vuestros miembros.
Os bañáis en el agua cristalina
de un río de promesa: sois promesa
de mares desposados con el cielo.
Pero no permitáis que los vampiros
de la noche, os salpiquen de egoísmo.
El amor verdadero muere al tacto
suave, de los reptiles del engaño.
Y muere la alegría y en las olas
del encrespado mar flotan cadáveres
disfrazados de joven, disfrazados.
Por eso respirad el aire puro
de la ermita. Decid a la Señora:
“Enséñame a ser madre desde ahora,
enséñame a ser padre desde ahora.
Que nunca se avergüencen mis abuelos
que con piedras de fe te dieron trono,
de la niebla en mis ojos al mirar
los ojos de mis hijos, nietos suyos.
Que penetre tu luz en mis entrañas
que navegue tu río de pureza
y que llegue a ese mar donde el agua
se besa con el cielo castamente”.
Así alzaréis la torre de la sangre
y, en volteo jubiloso de campanas,
cantaréis el poema de la vida.