19/2/22

CREDO

 


Yo creo en Ti, Señor

desde la sangre que colora mi ser.

Yo sé que existo

porque Tú Sobre- existes y me nutres.

 

Sé que enciendes la luz,

que pones alas

en la carne del viento;

que manuscribes rosas como versos

de cálida hermosura;

que das latido al llanto de las nubes

para que salven fuentes y praderas.

 

Yo creo en Ti, Señor, te noto cerca

en la lectura taciturna

que contempla la paz de las estrellas

o en el grillo que entona latitudes

de diminuta creación gozosa.

 

Parten de Ti los seres,

en Ti crecen

y Te buscan ansiosos sin saberlo

cuando alejas tu tacto de su entraña

y presienten la muerte.

 

Yo creo en Ti, Señor, que sobreabundas

criaturas de barro y criaturas

de sólo pensamiento y voluntad,

que sobrepasan la frontera opaca

de la materia.

 

Y creo en Ti, mi Padre,

mi morada,

mi motor encendido y palpitante,

mi perpetuo color siempre reciente

mi montaña de nieve coronada.

 

Yo creo en Ti, Señor, más que en mí mismo

porque mi ser

con límite, de tiempo

y dimensión de espacio

proclama sobre mí

tu infinitud,

tu inmensidad,

tu ser eterno____ ________

en el asombro del amor origen.

 

De Ti provengo, Padre, y cuando digo

que creo en Ti soy agradecimiento

en todos los rincones de mi esencia.

 

Y creo en Ti, Señor, Hijo del Padre

resplandor de su Luz siempre engendrada,

naciendo siempre con filial origen

de infinitud divina.

 

Creo en tu amor de “kénosis” tan honda

que tomas nuestra carne flagelada

para sentir el llanto que nos mana

y el temblor que gravita en nuestros ojos.

 

Yo creo en Ti, Señor, Niño en el seno

de la Virgen fecunda.

Tan humano que creces de su sangre,

que aceptas sus caricias y cuidados

y Te nutres del pan y de palabras

de María y de José sencillamente.

 

Creo en tu gozo al contemplar sus ojos

felices con tus juegos.

Creo en tu dócil misión copiando

manejos de la azuela y del martillo.

Creo en tus pies sembrando los caminos

de huellas encendidas.

 

Creo y escucho

el ritmo de tu voz en las arterias

del sembrador, del trigo y de la higuera.

 

Creo en tu Cruz, labrada golpe a golpe

con hacha, de verdad, camino y vida

Me conmueve la paz de tu silencio

escuchando calumnias deicidas.

Me taladra tu amor

y me arrodillo

ante la Cruz, el éxtasis florido

del Amor Infinito que libera.

Me libera de mi, porque me clava

al suelo vertical hacia la altura

y al abrazo de mansa cercanía.

 

Y resucitó, Amor, y resucitó.

Creyendo en Ti, mi Dios Resucitado,

vencedor de penumbras de sepulcro

y de esta larva que nos amenaza

con tornar a la nada inexistente.

 

Contigo vida, Luz servidora

camino y vivo y soy perpetuamente.

Contigo subo al cielo

y me sosiego

en la Casa del Padre.

 

Incrementa, Señor, mi crecimiento

con tu mirada cálida y sencilla.

Que el tiempo y el espacio que me has dado

esté maduro cuando Tú me llames.

que los callos sean perlas de mis manos

y los versos fulgor de mi palabra.

Que me llames “amigo” y sin juzgarme

descanse activamente en tu Amistad.

 

Creo, Señor, en el perenne Gozo

de Espíritu Santo procediendo

del Padre que te sabe y que te engendra

sabiéndote su verso y que florece

en retorno de Amor que se pronuncia.

Me consuela el Paráclito, me vive

hasta tornarme asombro agradecido

que prorrumpe en latidos adorantes

y en palabras de lumbre que se expande.

 

Soy Iglesia, me vivo plenamente

en Koinonia de luz y de calor,

hacia el Hogar que habitan mis hermanos.

 

Y mis gusanos frágiles de tierra:

los pecados, Señor, que me avergüenzan

y taladran el leño de mi vida

se harán hogar también de llama eterna.  


(Me yergue la esperanza porque creo)