Ya no queda en mi voz temblor de frío
después de haber rezado a sangre plena.
Enlazados estamos en cadena
a otro verso mejor que el verso mío.
Es vuestra sangre misma, vuestro río
de labradora fe, de paz morena
la que riegue esperanza, la que suena
sobre mi corazón mudo y sombrío.
Sois vosotros la savia del cantar
que yo, quebrada voz, os he cantado.
Sois vosotras las sílabas certeras.
Y es la Virgen bendita del Bustar
el poema de un pueblo enamorado
que enciende con su vida primavera.