Habito en el silencio, donde guardo
el tesoro de hablar con el Dios Vivo.
Le doy mi corazón y de El recibo
el origen del gozo con que ardo.
Mis pies se posan en el suelo pardo
con alta libertad soy fugitivo
hacia el claro fervor contemplativo
que en Claraval fundara San Bernardo.
Pero no soy misántropo egoísta
porque ofrezco la paz de mi conquista
abriendo la morada hospitalaria.
Podéis entrar a disfrutar la calma
de acumular estrellas en el alma
haciendo del amor mansa plegaria.