16/2/22

ELOGIO A LA VIDA CONTEMPLATIVA II

 

Nunca estoy solo; me acompaña el vuelo

del claustro monacal y confidente:

por él paseo sosegadamente;

encuentro en él motivos de consuelo.

 

Convoco amaneceres en mi anhelo

de retirar la oscuridad hiriente.

Mártir mi sangre, canta con la fuente

de los mártires vivos en el cielo.

 

La soledad es dulce, si es amada

y se nota la cálida mirada

de Dios-Amor curando nuestra herida.

 

Si estáis heridos de desesperanza,

venid aquí, que en soledad se alcanza

la certidumbre de la eterna Vida.