Nunca estoy solo; me acompaña el vuelo
del claustro monacal y confidente:
por él paseo sosegadamente;
encuentro en él motivos de consuelo.
Convoco amaneceres en mi anhelo
de retirar la oscuridad hiriente.
Mártir mi sangre, canta con la fuente
de los mártires vivos en el cielo.
La soledad es dulce, si es amada
y se nota la cálida mirada
de Dios-Amor curando nuestra herida.
Si estáis heridos de desesperanza,
venid aquí, que en soledad se alcanza
la certidumbre de la eterna Vida.