Gracias, ¡oh Monjes!, por cuidar el viento
que da fervor al claustro silencioso.
Testigos del trabajo y del reposo
plantáis la flor del alto sentimiento.
Amables regaláis vuestro contento
con el gesto sencillo y amistoso.
Las cogullas de nieve son hermoso
verso de luz que eleva el pensamiento.
Gracias por ser preclara rebeldía
en el siglo que loco desafía
la Verdad y la Luz del gran Misterio.
Seguid hablando en el silencio puro.
Seguid mostrando el corazón maduro
en el cálido hogar del Monasterio.