Llegad a mí, sencillas criaturas,
palabra del silencio campesino
quietud de vuelo en el verdor del pino
sosiego azul de paz en las alturas.
Vosotras predicáis las hermosuras
de los versos de Dios, del cristalino
salmo de fe que alumbra mi camino
hacia las nieves del amor más puras.
Llegad a mí, tomillos bienolientes
amapolas de labios sonrientes
y habladme de la mano que os cultiva.
Llegad a mí. Sembraos en mi palabra
como huella de Dios, hasta que abra
mi corazón a su Presencia viva.