Estamos en la casa del Dios Vivo
para hacernos palabra agradecida.
Gastamos como lámparas la vida
para lucir fervor contemplativo.
Tenemos corazón libre y cautivo
para salvar la libertad herida.
Somos ascetas de la gran subida
al monte del amor recio y activo.
Esposas del Señor, enamoradas,
nos cautivan sus cálidas miradas
desde el manso silencio del Sagrario.
Crecemos hacia Dios cada minuto
y somos el maduro y dulce fruto
de su Resurrección y su Calvario.
(Para mis queridas Monjas Contemplativas, con gratitud muy honda)