Esta casa de Dios está callada
para mejor latir intimidades.
Sus muros son de piedra y de verdades;
su corazón, de luz enamorada.
Reposa en sus tejados la mirada
de la gracia de Dios y sus bondades.
Sus campanas ahuyentan vanidades
y encienden la plegaria sosegada.
Se respira la paz y la alegría
de Nazaret, donde José y María
cuidaban la sonrisa de las flores.
Si estáis encarcelados por la urgencia,
venid aquí: gozad de la vivencia
de Dios- Amor ¡Amor de los amores!
(Para mis queridas Monjas Contemplativas, con gratitud muy honda)