21/3/22

SALMO 137 (136)

 


Encima de las corrientes

que en Babilonia hallaba,

allí me senté llorando,

allí la tierra regaba,

acordándome de ti.

 

¡Oh Sión!, a quien amaba;

era dulce tu memoria,

y con ella más lloraba.

 

Dexé los traxes de fiesta,

lo de trabaxo tomaba

y colgé en los verdes sauces

la música que llevaba,

poniéndola en esperanza

de aquello que  en ti esperaba.

 

Allí me hirió el amor,

y el corazón me sacaba.

Díxele que me matase,

pues de tal suerte llagaba;

yo me metía en su fuego

sabiendo que me abrasaba,

disculpando el avecica

que el fuego se acababa;

estábame en mí muriendo,

y en ti sólo respiraba;

en mí por ti me moría,

y por ti resucitaba,

que la memoria de ti

daba vida y la quitaba.

 

Gozábanse  los estraños

entre quien cautivo estaba,

Pregutábanme cantares

 de lo que en Sión cantaba:

- Canta de Sión un himno,

veamos cómo sonaba.

- Decid, ¿cómo en tierra ajena,

donde por Sión lloraba,

cantaré yo la alegría

que en Sión se me quedaba?

Echábala en olvido

si en la ajena me gozaba.

 

Con mi palabra se junte

la lengua con que hablaba,

si de ti yo me olvidase

en la tierra do moraba,

Sión, por los verdes ramos

que Babilonia me daba.

 

De mí se olvide mi diestra,

que es lo que en ti más amaba,

si de ti no me acordase

en lo que más me gozaba,

y si yo tuviese fiesta

y sin ti la festejaba.

 

¡Oh hija de Babilonia,

mísera y desventurada!

Bienaventurado era

aquel en quien confiaba,

que te ha de dar el castigo

que de tu mano llevaba

y juntará sus pequeños

y a mí, porque en ti esperaba,

a la piedra que era Cristo

por el cual yo te dexaba.