20/3/22

FIESTA DE LA FE IV

 

 

Y sé que no estoy solo: alego en mi defensa

millones de fraterna cercanía en los Santos.

Soy COMUNIÓN con Ellos.

Tesoros en el cielo y en la tierra,

tesoros en el valle, donde hierven

las ansias de tenerte poseído

sin niebla ni residuo de pecado.

Estos son mis tesoros, mis poderes:

los hermanos con alas que levantan

mi densa pesantez.

 

Pero mi asombro crece

cuando palpo el perdón de mis pecados:

Tú perdonas, Señor, Tú haces MILAGROS DE PERDÓN.

Los hombres perdonamos y nos queda la sombra en la mirada.

Tú perdonas y enciendes universos

en el espacio de la luz herida.

En ese espacio de nuestro pecado

que muerde con el hueco de Tu Ausencia.

Pero Tú nos perdonas, nos rebosas con plenitud de Ti.

No cabe miedo cuando Tú perdonas

ni nuestra opacidad atemoriza.

 

Y espero, tras la muerte, que devora en su polvo,

este calor orgánico del cuerpo.

Espero, digo, mi nueva carne de prodigio

RESUCITADA EN TI, RESUCITADO,

para serte, luciérnaga minúscula,

en las dos dimensiones, espíritu y materia,

brillando para Ti perpetuamente.

Perpetuamente, Amor, perpetuamente viviendo,

contemplando tu Hermosura en visión beatífica:

perpetuamente amando, disfrutando tu Bondad y tu Luz

perpetuamente.

 

Gracias, AMOR, Amén.

Gracias. Yo creo.

ALELUYA es mi ser,

filial adoración que me realiza

en crecimiento de oblación dichosa.

 

Gracias, Señor, porque mi ser creyente,

mi pobreza en tus manos,

se siente consumada en tu RIQUEZA.