Tu Palabra, tu Hijo es el Redentor: restaura, crea de nuevo el mundo.
Este mundo estropeado por el rebelde vacío del pecado.
Esperaban los seres tu Palabra
como espera la lluvia el desierto, en agonía de sequedad.
La pronunciaste en gestación de amor.
Dijiste: “Hágase” y todo comenzó a ser novísimo.
Las hierbas, las flores, los árboles, las montañas…,
se hicieron versos en el poema de tu Palabra.
Tu Palabra lucía por dentro de las criaturas con dimensión mesiánica.
Rezaban los seres, cantaban los seres el himno de la vida
como niños salvados de la no existencia.
Nada ni nadie sería huérfano desvalido en el no sentido.
Tú, el mejor poema de Dios,
al declamarte libérrima, Te hiciste poetísa de su Bondad
y por tu Palabra hablaron los seres todos y hablan sin cesar
señalando su origen vivificante y creador.
Gracias, Madre de la Palabras
que engendra permanentemente
el poema de la Creación.