Y las espinas en su frente pura
a tu frente trasladan agonía.
Estás ya coronada. Se diría
que alcanzas doctorado en amargura
Reina Madre, albergue que asegura
clemencia virginal de cercanía.
Tu Hijo coronado Te confía
su mar de amor vertido en tu ternura.
Te declaro mi Reina. Me declaro
tu súbdito filial. Bajo tu amparo
notaré que el acíbar se hace mieles.
Tú me darás gozosa reciedumbre
para tomar mi frío en clara lumbre
de hogares calidísimos y fieles.
(Las espinas de la corona de Jesús también coronaron a María. La Virgen es Reina-Madre. Y este título sólo sufriendo se consigue. “Reina y Madre de misericordia”. Habitando en el territorio de su clemencia, resistiremos las contrariedades)