Yo creo en Ti, Señor.
Soy creyente como la flor es verso de luz o el invierno alarido de frío.
Pero yo, creyente, soy primavera:
es domingo mi vida, estoy de fiesta
Mi ser tiene motivo en tu Cariño.
Existo porque Tú sobreexistes
y me siento verso que Tú declamas sonriente.
Creo en Ti, al Inefable.
Te llamo DIOS y, aunque te doy cuanto puede darte mi palabra, quedo insatisfecho
porque no cabe en mi voz
la dimensión exacta de tu Sobre-existencia.
Porque, cuando digo DIOS, apenas se nota que Te proclamo:
savia nutriente de los seres;
que Te confieso
origen, crecimiento, plenitud.
Cuando digo Dios, sé que alumbras
la diminuta flor de la montaña
y los ojos sin sombra de los Ángeles
Sé que me habitas en silencio fértil
y que fundes campanas en mi sangre.
Por eso, cuando digo DIOS, siempre soy tuyo
en regocijo de fiesta filial.
Y culmina mi ser en gratitud
sólo porque Tú eres queriéndome,
porque no hay en minúsculo hogar de mi cuerpo
una célula humilde sin tu beso.
Yo creo en Ti, Señor.
Yo testifico con idioma de sangre tu existencia.