Gracias, Señor, por esta intimidad
a que me invitas.
Todo me habla de Ti. Te haces llamada
en las hojas serenas del otoño
latiendo su dormir amarillento.
Te acercas invisible en la sonrisa
del niño o de la rosa y me sugieres
el deseo de ser mi confidente
solo en la intimidad.
Yo Te recibo
con los poros abiertos de mi alma
para decir que sólo Tú me bastas.
Íntimamente soy para quererte
desde el gozo de estar en tu Presencia.
Bendita soledad donde me encuentro
en feliz compañía Contigo mismo.
Entiendo al corazón contemplativo
de la Virgen María.
Te presiento
en el hueco que dejan los minutos
que se me van sin Ti saboreado.
¡Oh hermosa intimidad para decirte
mi pobreza y mis ansias encendidas!
Tú eres la intimidad. Recógeme
en la dulce mirada de tus ojos.
Que todo sea sentir que estás conmigo
salvando la esperanza de los seres.
¡Oh Tú, Señor, Íntimo Ser inmenso.