Me inunda la Sabiduría
y la Caridad de tu Presencia.
Eres la Luz que me alumbra;
eres el Amor que me enamora;
eres la Vida que me vivifica.
Mi profesión, Contigo, sólo es amar
con libérrima decisión de criatura tuya.
Amarte, Dios, porque ERES DIOS:
Ser Sobreexistente, Infinito, Inmenso,
no cercado por el tiempo y el espacio,
Motor originante Inmóvil en sí mismo;
Omnipontente, Omnisciente, Omnipresente,
Omnicariñoso, Omnihermoso,
Omnidimensional.
Envuelto por Ti, penetrado de Ti,
Embriagado en Ti,
Te amo y soy feliz.
Y Tú hablas, Señor Padre: Te dices
en Jesucristo, tu Palabra Encarnada.
Te veo, Te palpo cerca de mí,
amándome, mirándome con ojos humanos,
hablándome, con sílabas humanas.
Y tienes Madre, Señor. Y me
la entregas porque sabes que
soy un niño que necesita
cercanía materna.
Te amo, Señor, ¿cómo no
amarte? ¿cómo no disfrutar
el paraíso de tu cariño?
Todos los días me nutres
con tu Palabra y con tu Carne.
No puedes hacer más, no puedes
acercarte más, no puedes cristificarme más.
Y esta sublime Verdad de tu cariño
me la garantizas en tu Iglesia Santa
que es mi Iglesia Santa.
Ella confirma todas las
cálidas certidumbres que me dan cimiento;
ella aclara todos los caminos
luminosos que me conducen a Ti;
ella es hogar, en donde respiro
y me nutro sacramentalmente.
Gracias, Señor,
mi pequeñez, vasija de tu inmensidad
me engrandece;
mi alegría, de jovial confianza,
me anticipa el cielo.
Siento, ¡oh Padre!, tu Paternidad.
Me cautiva, oh Hijo, tu Palabra.
Me embriaga, ¡oh Espíritu Santo!,
tu licor divino de amor vivificante.
Gracias, DIOS. Eres Dios y Te
me das a mí criatura tuya
que nada merezco y sólo sé
decir “Te amo”, “Te amo”.
Sostenme siempre en este
amor total.
(Segovia - 21 - Junio -1993)