Me llamas desde la naturaleza,
me llamas desde el hombre,
me llamas desde el fondo de mí mismo;
pero no veo tu Rostro
ni toco tu Verdad Plenificante.
Aquí en la tierra
me siento asediado por el espacio y el tiempo.
En este exilio tu Rostro
queda perdido tras la niebla incesante
de mis limitaciones.
Tu Bondad Infinita,
que gratuitamente me dona
cuanto soy y cuanto espero,
alivian mis pasos
de peregrino incansable.
Peregrino hacia Ti, hacia tu Rostro.
No quedaré defraudado.
Superaré la contraevidencia
de poseerte en plenitud.
Entre tanto, Señor, no permitas
que me hospede en la tierra
recortada sin referencia a Ti.
No permitas que me sienta satisfecho
sin hambre de Ti.
Sólo Tú, Señor, consumarás
las dimensiones transcendentes de mi ser.