Mi pequeñez no sabrá
que desbordabas amor
hasta que me iluminaste
con santa Revelación.
Ignoraba la familia
que es tu divina mansión
inmanentemente vive
dentro del Único Dios.
Mi pequeñez no sabrá
que desbordabas amor
hasta que me iluminaste
con santa Revelación.
Ignoraba la familia
que es tu divina mansión
inmanentemente vive
dentro del Único Dios.
Me inunda la Sabiduría
y la Caridad de tu Presencia.
Eres la Luz que me alumbra;
eres el Amor que me enamora;
eres la Vida que me vivifica.
Mi profesión, Contigo, sólo es amar
con libérrima decisión de criatura tuya.
Amarte, Dios, porque ERES DIOS:
Ser Sobreexistente, Infinito, Inmenso,
no cercado por el tiempo y el espacio,
Motor originante Inmóvil en sí mismo;
Omnipontente, Omnisciente, Omnipresente,
Omnicariñoso, Omnihermoso,
Omnidimensional.
Único Dios, Hogar donde la llama
de tres Personas se intercomunica.
Campana del Misterio que repica
Amor Eterno que su Luz derrama.
Único árbol, donde cada rama
de las tres nos abraza y nos implica.
Sólo la luz del corazón explica
la Fuente-hogar que nos pronuncia y ama.
Único Dios, Eterno e Inmutable
que se vive por dentro en admirable
Trinidad de Personas confidente.
Único Dios, Familia difusiva
que genera la llama siempre viva
de la familia una y permanente.
Uno en esencia; en las personas Trino.
Alto Misterio del Amor divino
que me inunda de luz cuando lo pienso.
De rodillas, adoro. Soy incienso
que sube a las alturas, a las zonas
donde Tú me desbordas, me coronas
con el asombro de mi ser suspenso.
Padre Origen de toda criatura.
Hijo Verbo de carne sembradora.
Espíritu de Amor Santificante.
Alumbra el corazón de mi plegaria
con Tu luz infinita Trinitaria
y obra mi ser del júbilo adorante.
Y me abriste el misterio y me dijiste
que eras Hogar Eterno e Increado.
Comunión infinita de cariño.
Siempre familia en término y origen.
Relación que se dona y nunca cesa.
¡Inefable Unidas en inefable
Trinidad de Personas consumadas!
Fuente de Amor manando eternamente.
¡Hija del Padre! Alba de Luz Inmaculada
donde el Amor Eterno solicita ternura.
El Espíritu Santo fecunda tu clausura
y nace de tu carne la Palabra Encarnada.
Toda de Dios, María. Es clara consumada
como fruta de fe libérrima y madura.
Tu voluntad fundida con la Suya inaugura
la nueva primavera en ti recuperada.
¡Hija del Padre!, Madre de su Palabra. Esposa
del Espíritu Santo. Sencilla como rosa
besada por el sol que en Ti se deposita.
El mismo Dios habita tu carne confidente
y canta tu poema su corazón reciente
para hacerse Contigo Palabra manuscrita.