Y sé que Tú me hablas
con PALABRA infinita y cercanísima:
hecha carne de carne dolorida
que se nace, se crece se pronuncia, se muere redentora y resucita.
Y esta Palabra Tuya eres Tú mismo
nacido de mujer, en el prodigio
de esculpir tu ternura en su ternura
para que Ella nos funda filialmente.
Cuando María, la Madre, pronunciaba su “Hágase” fecundo, recreaste los seres
que destrozó la sombra de mis manos.
Gracias, Amor, Jesús, Palabra eterna,
Comida que me nutre: Eucaristía que venda el alarido de mi carne
rota por mí con rebelión de ausencias;
Amigo fiel que mira mi mirada e ilumina mis ojos pagados;
Pastor Bueno
que cargas en tus hombros mi pobreza
y me haces rico sólo con quererme.
Y, cuando te ausentaste de este mundo, Padre e Hijo os donásteis
en la tercera dimensión del gozo: ESPÍRITU SANTO:
espléndido en sus dones, viento, fuego,
penetración de Ti hasta las entrañas,
restaurador del vuelo, sabiduría de la luz ilesa, audacia del amor que se pronuncia,
corazón en la fiesta del hombre nuevo.
Danos, Señor, tu Espíritu y seremos dadores, salvadores de la Vida.