José de Nazaret: tomo la pluma
para escribirte desde mi silencio
invocando con ansia tu silencio.
Tú que fuiste palabra sin palabras
que articulaste versos con las manos
que esparciste palomas con los ojos,
que cuidaste el hogar con la presencia…,
siempre callado, casi de rodillas
ante el misterio del Amor sencillo,
tenderás mi súplica ferviente
para ser como tú silencio fértil.
Silencio acogedor de los detalles
del Dios humilde que a tu lado crece.
Silencio tierno que cultiva flores
para el jardín materno de María.
Silencio que contempla, que disfruta
la grandeza de Dios anonadado.
En tu regazo reposó Jesús.
Se durmió confiado en tu cariño.
Fue de tu mano al templo y de tu mano
aprendió a manejar las herramientas.
Se hizo amigo cordial de la madera:
soñaba con madres esculpidas
- acaso de forma de una cruz alzada -.
Postes y vigas, puertas y ventanas
se tornaban hogares en sus manos.
Y fue tu estilo, denso en el servicio,
el que puso su estilo los detalles.
¡Carpintero del árbol y del alma!
José de Nazaret, Padre que labra
corazones rebeldes y los cambia
en dóciles hogares de los pobres.
José de Nazaret, hospedería
del silencio que nutre la palabra.
José de Nazaret, fiel certidumbre
de reposo filial que se respira.
Albérganos, de nuevo, en tu morada.
Cuídanos, emigrantes hacia Egipto.
Enséñanos a trabajar amando.
Desbástanos de aristas lacerantes.
Inúndanos de salmos silenciosos.
Sálvanos de palabras infecundas.
Haz que escuchemos su Palabra Única
desde el silencio tierno del cariño
para siempre gozar de las miradas
de Jesús y María en nuestra casa.
Y muérenos de amor como moriste
entre sus manos puras y calientes.
(Festividad de San José 1987)