18/3/22

JOSÉ DE NAZARET

 

 

José de Nazaret: tomo la pluma

para escribirte desde mi silencio

invocando con ansia tu silencio.

Tú que fuiste palabra sin palabras

que articulaste versos con las manos

que esparciste palomas con los ojos,

que cuidaste el hogar con la presencia…,

siempre callado, casi de rodillas

ante el misterio del Amor sencillo,

tenderás mi súplica ferviente

para ser como tú silencio fértil.

Silencio acogedor de los detalles

del Dios humilde que a tu lado crece.

Silencio tierno que cultiva flores

para el jardín materno de María.

Silencio que contempla, que disfruta

la grandeza de Dios anonadado.

 

En tu regazo reposó Jesús.

Se durmió confiado en tu cariño.

Fue de tu mano al templo y de tu mano

aprendió a manejar las herramientas.

Se hizo amigo cordial de la madera:

soñaba con madres esculpidas

- acaso de forma de una cruz alzada -.

Postes y vigas, puertas y ventanas

se tornaban hogares en sus manos.

 

Y fue tu estilo, denso en el servicio,

el que puso su estilo los detalles.

¡Carpintero del árbol y del alma!

José de Nazaret, Padre que labra

corazones rebeldes y los cambia

en dóciles hogares de los pobres.

José de Nazaret, hospedería

del silencio que nutre la palabra.

José de Nazaret, fiel certidumbre

de reposo filial que se respira.

 

Albérganos, de nuevo, en tu morada.

Cuídanos, emigrantes hacia Egipto.

Enséñanos a trabajar amando.

Desbástanos de aristas lacerantes.

Inúndanos de salmos silenciosos.

Sálvanos de palabras infecundas.

Haz que escuchemos su Palabra Única

desde el silencio tierno del cariño

para siempre gozar de las miradas

de Jesús y María en nuestra casa.

 

Y muérenos de amor como moriste

entre sus manos puras y calientes.

 

(Festividad de San José 1987)