28/3/22

GRATITUD AL SILENCIO MONACAL

 



 

Monjas del Císter de cogulla blanca

entre salmos de vuelo gregoriano.

Dais al claustro presencia de misterio

y solidez histórica a la piedra.

 

Compartís como pan, vuestro silencio

para nutrir la paz languidecida.

Nos llevan de la mano vuestros gestos

de mansedumbre intemporal y clara.

 

Llegamos con el peso de la prisa

lacerante y tenaz. Nos falta tiempo

para dar bienvenida al sol naciente

o devolver sonrisas al arroyo.

 

“Pasamos” de las flores, que se mueren

sin que nadie perciba su llamada.

Transitamos la vida en superficie

con sus dos dimensiones epidérmicas.

 

Vosotras nos donáis esa tercera

dimensión de lo alto y de la hondura.

Por eso, a vuestro lado, recobramos

peso y volumen, plenitud consciente.

Advertimos que existen violetas

y pájaros que hablan.

 

Seguid en vuestra cátedra sencilla

siendo maestras de la luz no usada.

Enseñadnos a ser contemplativos

con ojos nuevos, limpios y despiertos.

 

¡Oh monjas sembradoras de silencio

y soledad altísima y fecunda!

Hospedad a los pobres caminantes

con las plantas heridas de cansancio,

cuyas huellas estériles no escriben

caminos de esperanza.

 

Y, gracias por vivir llevando en andas

al hombre sin frontera de minutos.

Gracias por ser anuncio silencioso

de la Vida sin límites ni llanto.

Gracias por completar cada jornada

en gratitud y humildad serena,

poniendo en el regazo de la Virgen

nuestro sueño filial y confidente.

 

(Monasterio de San Pedro de Cardeña, 2 - Abril - 1986)