Me nutrís de silencio. Vuestra vida,
llena de paz en plenitud serena,
suaviza las aristas de mi pena
y restaura mi sangre dolorida.
En vuestra sombra, tanta luz anida,
que se hace luz el bosque, la colmena,
el corazón exento de cadena
y el gozo de la mesa compartida.
Habitáis el hogar de lo profundo.
No cabéis en el brillo de este mundo
que ignora la razón de vuestros nombres.
Pero sois, en sosiego de clausura,
estrellas que se dan en sembradura
y encienden los caminos de los hombres.
Cardeña - 28 -XII - 1988
