Yo te quiero querer y por quererte
pongo mis manos mi querer activo.
Me doy a Ti pero de Ti recibo
este querer con miedo de perderte.
Quisiera estar queriéndote tan fuerte
que nada consiguiera mi derribo.
Quisiera ser ciprés contemplativo
volando sólo para poseerte.
Y, sin embargo, sé que Te poseo;
que Tú me quieres tanto que te leo
en el verso del árbol y del niño.
Señor, así, sin fieras en el alma,
hazme notar, queriéndote, la calma
de saber que me escribo en tu cariño.
