Asciendes por la calle de Amargura
con la Cruz de Jesús que nos redime.
Rota la luz, tu Corazón exprime
la luz de tu mirada y tu ternura.
El beso de tus labios se apresura
a curar su dolor. Y en él imprime
tu “Hágase” fecundo. Mientras gime
el silencio que rezas en clausura.
Siempre con Él, llevando sobre el hombro
el peso del pecado y del escombro
que ignora la belleza del cariño.
Tomas su Cruz y tomas su Calvario
en tus brazos de Virgen del Rosario
aliviando con rosas a tu Niño.
