No sé si soy humilde cuando digo
que sólo en Ti mi corazón reposa;
que mi vaso de arcilla no rebosa
sino Contigo, Amor, sólo Contigo.
De puerta en puerta, anónimo mendigo,
pido la luz de la celeste rosa…
y me dan la cerilla vanidosa
que no alumbra el espacio que persigo.
Yo desbordo, Señor, las dimensiones
de este planeta, esfera de tensiones
y de soberbia cruda e insolente.
Yo, mendigo rebelde, sólo ruego
el calor infinito de tu fuego
haciéndonos hogar perpetuamente.
