Somos las niñas de Sus ojos puros:
las predilectas de su cercanía;
el vergel que cultiva su alegría;
su racimos fecundos y maduros.
Alumbramos caminos sobreoscuros
desde el silencio que se nos confía.
No hay rencor ni temblor de noche fría
en el hogar que guardan nuestros muros.
Somos misión de vida y esperanza.
nuestro vuelo de salmos casi alcanza
los gozos celestiales sin abrojos.
Ocultas en penumbra confidente,
disfrutamos a Dios sencillamente
como niñas queridas de Sus ojos.
(Para mis queridas Monjas Contemplativas, con gratitud muy honda)