15/4/22

AHÍ TIENES A TU MADRE

 

 

Tu Hijo, Madre, se dirige a mí.

Tu Hijo me regala tu Persona.

 

¿Qué haré Contigo para no hacer daño

a tus ojos dándome cariño?

¿Qué te dirán mis labios desusados

en el oficio de encender poemas?

 

¿Cabrá tu corazón en el recinto

de mi casa tan pobre y tan oscura?

Acostumbrada estás a la pobreza;

acostumbrada al filo de la noche.

 

Pero déjame que Te diga - voz del pueblo -:

“Dichosas tus entrañas y tus pechos

que nutrieron al Hijo del Altísimo.

Y más dichosa aún, Virgen oyente

que guarda la Palabra de la Vida”.

 

Seré tu hijo, sí. Te escucharé.

Iré creciendo bajo tu mirada.

Haré lo que El me diga, como quieres.

Llenaré las tinajas de agua mía

para que El las convierta en vino suyo.

 

Llévame de la mano, aunque no quiera,

si soy niño rebelde que se escapa.

Pon motivos de amor en los quehaceres

de mi vida corriente que es la tuya.

 

Eres Madre-nodriza del Altísimo

y eres maternidad nueva y distinta

asumiendo el estilo del Dios-Bueno

que en tu vida se dona y es “Mamá”.

 

Tu Corazón conserva cuidadoso

la Palabra y la cumple y la disfruta.

Eres “Esclava del Señor” o libre

con libertad libérrima de amor.

 

A medida que aclaras en tu alma

la misión salvadora de tu Hijo,

Te vas abriendo más a ser la Madre

que ofrece salvación en la ternura.

 

Intuyes los agobios de tus hijos

en las menudas cosas de la vida.

“No tienen vino” dices, y tu Hijo

altera, para Ti, su tiempo y “hora”.

¿Qué unión de intimidad rinde su juicio?

¿Qué mirada elocuente Le diriges?

 

Entre el Hijo y los hijos eres Puente

y, como madre, con derecho pides.

Tempranamente traes el paraíso

del Reino de los Cielos a la tierra.

Es tu misión materna nuestro alivio,

nuestro sosiego de hijos desvalidos.

 

Y el milagro del vino se convierte

en milagro del alma que suscita

la fe de los discípulos en El.

 

Y tu presencia cálida y orante

atraerá la llama del Espíritu

que hablará a las entrañas de tus hijos

sobre el Hijo adorado de tu alma.