14/4/22

DELINCUENCIA DIVINA DEL CRUCIFICADO

 


 

Me robaste, Señor. Me estás robando.

Me arrebatas el ser cada segundo.

Me doy a Ti con gozo tan profundo,

que apenas noto que me estás clavando.

 

Porque desde la Cruz estás besando

las huellas de mi paso vagabundo.

Y tu beso ladrón es tan fecundo

que sólo vivo libremente amando.

 

Ladrón de mi cariño, Jesucristo,

hazme ladrón Contigo. Me revisto

de tus dulces palabras robadoras.

 

Cambiaremos el frío de las cosas

por rosales con pájaros y rosas

perpetuamente regalando auroras.