Tomas nuestra materia de agonía
y la enciendes al sol de tu mirada.
Nace la primavera enamorada
y florece tu rosa Eucaristía.
Blanca palabra, Dios que se confía
en humildad de carne masticada.
Pan sencillo que nutre la llamada
al misterio de amor y cercanía.
Noto, Señor, cuando en mi sangre habitas
al niño que se esconde en mi ternura
y comienzo a ser hombre blancamente.
Vuelvo a leer mis ansias manuscritas
y otra vez el camino se aventura
a besar mi pisada confidente.
