Dios enciende mi
vida con su paso
y siembra flores en
mi sangre triste.
A veces no le
escucho, pero insiste
derramando sus mares
en mi vaso.
Eres mi corazón mudo fracaso;
me crecía la noche
como quiste
que roe las entrañas
y resiste
al bisturí que llega
con retraso.
Me curaban los
hombres, me sajaban
los ojos de volar al
universo
y moría en desvelos
sumergido.
Pero hablaron las
piedras que callaban
y se abrieron las
alas de mi verso:
Dios acampó en mi
ser y no se ha ido.
