He gustado tu luz cuando nacía
en el amanecer la primavera.
Tu mirada tocaba la pradera
y, en tierna claridad reverdecía.
Con los seres, tu Ser se difundía
en mil colores. Su palabra era
tu cálida palabra mensajera
de la vida naciendo en armonía.
He gustado tu luz, tu paso ardiente,
tu presencia fecunda y creadora
derramando en mi sangre amaneceres.
¿Cómo arderás, Señor, desnudamente
cuando rota la cárcel de las horas,
te veamos eterno como eres?
